Cuentini

El poema palíndromo

En el apacible pueblo de Kayak, vivía un escritor llamado Luis.

Desde siempre, Luis amaba las palabras, y su mayor sueño era escribir un poema completamente palindrómico, es decir, un poema que se leyera igual de adelante hacia atrás y de atrás hacia adelante. Sabía que sería un reto enorme, pero estaba decidido a lograrlo.

Cada día, Luis se sentaba en su escritorio, rodeado de libros y papeles, con su pluma favorita en mano. «Hoy es el día», se decía cada mañana. Comenzaba a escribir, pero pronto se daba cuenta de lo difícil que era formar frases coherentes que cumplieran con la regla palindrómica.

«Este poema será un logro increíble», pensaba Luis mientras comenzaba con la primera línea: «Sé verlas al revés». Se sentía satisfecho con su inicio, pero sabía que tenía un largo camino por delante. Cada línea que escribía parecía correcta al principio, pero luego se daba cuenta de que no era lo suficientemente poética.

Una mañana, después de varias semanas de intentos fallidos, Luis estaba especialmente frustrado. «Nunca voy a lograrlo», suspiró, mirando los montones de papeles arrugados en el suelo. Había escrito y reescrito tantas líneas que su pluma parecía cansada.

«Salas,» escribió una vez más, tratando de encontrar inspiración. Pero cada vez que intentaba seguir, se atascaba. «Oso… radar… anilina… nada parece funcionar», murmuraba. La frustración crecía dentro de él y empezaba a dudar de su habilidad.

Un día, mientras paseaba por el parque para despejar su mente, Luis se encontró con una amiga llamada Eva. «Hola, Luis. Te ves preocupado. ¿Qué sucede?» preguntó Eva con una sonrisa amable.

Luis le contó sobre su proyecto y sus frustraciones. Eva lo escuchó atentamente y luego dijo: «Luis, escribir un poema palindrómico es un desafío muy difícil. Pero recuerda, los errores son parte del proceso. Cada vez que fallas, aprendes algo nuevo. No te rindas.»

Las palabras de Eva resonaron en la mente de Luis. Volvió a su escritorio con renovada determinación. Decidió empezar de nuevo, esta vez con paciencia y sin miedo a cometer errores.

Comenzó con una línea sencilla: «Anita lava la tina.» Se sintió alentado por esta frase clásica, pero quería crear algo original. Pasó días y noches escribiendo y corrigiendo. Cada error le enseñaba algo nuevo. Se daba cuenta de que la clave estaba en encontrar palabras palindrómicas que encajaran perfectamente en su poema.

Finalmente, después de mucho esfuerzo, una mañana todo hizo clic. Luis escribió la primera línea de su poema y, sorprendentemente, las siguientes líneas comenzaron a fluir de manera natural. «La ruta natural,» escribió. Luego, añadió: «Yo hago yoga hoy.»

Luis no podía creerlo. Las palabras estaban tomando forma, y su poema comenzaba a tener sentido. Trabajó incansablemente, corrigiendo y ajustando cada línea hasta que finalmente llegó al final. Lo leyó una y otra vez, asegurándose de que cumpliera con la regla palindrómica.

Pero no estaba satisfecho porque quería que el poema fuera realmente sublime.

Al final decidió desechar todo y comenzar de cero.

Hasta que el gran día llegó.

Había logrado lo que parecía imposible: un poema completamente palindrómico. Su corazón se llenó de orgullo y satisfacción. Había enfrentado muchas frustraciones y errores, pero no se había rendido.

Decidió compartir su poema con el pueblo de Kayak. Organizó una lectura en la plaza principal, y la gente se reunió con curiosidad. Luis se puso de pie y comenzó a leer:

«`
A mamá Roma le aviva el amor a mamá.
Roma ni se conoce sin oro, ni se conoce sin amor.

«`

El pueblo quedó asombrado. Todos aplaudieron y felicitaron a Luis por su increíble logro. Eva se acercó y le dijo: «Sabía que podías hacerlo, Luis. Nunca dudé de ti.»

Luis sonrió, agradecido por el apoyo de sus amigos y por no haberse rendido. Había aprendido que la perseverancia y la paciencia eran esenciales para lograr sus sueños. Y así, en el pequeño pueblo de Kayak, Luis se convirtió en un héroe local, conocido como el escritor que logró lo imposible.

Reflexión

Aprender palabras palindrómicas va más allá de simplemente disfrutar de un juego de palabras ingenioso; es una puerta hacia una comprensión más profunda del lenguaje, la creatividad y la perseverancia.

Las palabras palindrómicas nos invitan a explorar la estructura del lenguaje desde una perspectiva única. Nos obligan a prestar atención a cada letra y a cómo se organizan las palabras, fomentando así una mayor conciencia lingüística.

Este tipo de ejercicio mental puede mejorar nuestras habilidades de lectura y escritura, permitiéndonos jugar con el lenguaje de maneras innovadoras.

Sonia Jerez

Escritora y conferencista con más 10 años de experiencia en la educación infantil y desarrollo creativo. Ha ganado varios premios internacionales.

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