Cuentini

La travesura del muñeco de nieve

En un tranquilo vecindario cubierto de nieve, los niños esperaban ansiosos la llegada del invierno. Una mañana mágica, después de una noche de nevadas, los niños salieron de sus casas para descubrir un nuevo habitante en el vecindario: Frostin, el muñeco de nieve más grande y amigable que jamás hubieran visto.

Frostin tenía una sonrisa brillante y ojos chispeantes que iluminaban el día más oscuro. Los niños no podían resistirse a su encanto y se reunieron alrededor de él con risas y alegría. Juntos, decidieron pasar el día jugando en la nieve y construyendo castillos gélidos.

Sin embargo, a medida que pasaba el día, la emoción de los niños comenzó a convertirse en travesura. Decidieron gastarle una broma a Frostin. Uno de los niños, llamado Pedro, tuvo la idea de darle a Frostin un sombrero de copa y una bufanda colorida. Los demás niños se unieron, decorando a Frostin con botones y ramas, convirtiéndolo en el muñeco de nieve más elegante del vecindario.

Frostin, lejos de molestarse, estaba encantado con su nueva apariencia. Bailaba y giraba mientras los niños reían a carcajadas. Pero la diversión no paró ahí. Los niños decidieron llevar a Frostin a dar un paseo por el vecindario. Lo empujaron suavemente por las calles cubiertas de nieve, haciendo piruetas y giros.

Aunque, mientras disfrutaban de su travesura, los niños no se dieron cuenta de que habían llegado a la calle principal, donde pasaban autos y transeúntes. La travesura estaba a punto de tomar un giro peligroso.

En ese momento, apareció la sabia señora Marta, la anciana del vecindario. Observó la escena con una mezcla de diversión y preocupación. Se acercó a los niños y les recordó con amabilidad: «La diversión está bien, pero también debemos ser responsables. No olviden que Frostin es un muñeco de nieve y no puede estar en la calle».

Los niños se sintieron avergonzados por no haber pensado en las consecuencias de sus travesuras. Rápidamente llevaron a Frostin de regreso al vecindario, agradeciendo a la señora Marta por recordarles la importancia de ser cuidadosos.

A medida que regresaban a casa, los niños reflexionaron sobre la moraleja del día. A veces, es divertido hacer travesuras, pero debemos ser responsables y cuidadosos para no causar problemas a nosotros mismos ni a los demás. Decidieron disculparse con Frostin, asegurándose de que estuviera cómodo y feliz en su lugar original.

Reflexión

El cuento nos recuerda la importancia de encontrar un equilibrio entre la diversión y la responsabilidad. A veces, en nuestra búsqueda de alegría y risas, podemos caer en travesuras que, aunque parezcan inofensivas, pueden tener consecuencias inesperadas. La historia destaca cómo la amistad y la diversión pueden coexistir con la conciencia de nuestras acciones.

Los niños, emocionados por la presencia de Frostin, el muñeco de nieve, se dejaron llevar por la diversión y la creatividad. Sin embargo, al llevar su travesura a la calle principal, olvidaron considerar el entorno y las posibles consecuencias. La intervención amable de la señora Marta sirve como un recordatorio de la importancia de la responsabilidad.

Poema

En la nevada aldea de risas y candor,
Frostin, un muñeco, despierta con fervor.
Niños traviesos, con risas y alboroto,
lo visten de gala, en su mágico reto.

Calles blancas se tornan su pista de danza,
una travesura que el viento avanza.
La sabia Marta, con voz maternal,
les enseña a ser sabios en su jugueteo leal.

Moraleja que susurra la suave brisa,
en la travesura, la responsabilidad avisa.
Que en la risa y el juego, con cuidado andemos,
en cada travesura, corazones protejamos.

 

Sonia Jerez

Escritora y conferencista con más 10 años de experiencia en la educación infantil y desarrollo creativo. Ha ganado varios premios internacionales.

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