Cuentini

El pajarito valiente

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo era joven y los ríos cantaban canciones nuevas, vivía un gigante bondadoso. Su sonrisa era tan grande como el sol, y su voz resonaba como el trueno, llenando el aire de calma y sabiduría.

Era amigo de todos: de los animales que correteaban por el bosque, de los árboles que susurraban secretos al viento, e incluso de las rocas que parecían dormir en el suelo. Pero, sobre todo, le encantaba enseñar lecciones importantes a quienes lo necesitaban.

Un día, mientras paseaba por el bosque, escuchó un llanto triste que rompía la armonía del lugar. Era un pequeño pájaro, sentado en una rama baja, con las plumas despeinadas y los ojos llenos de lágrimas que brillaban como gotas de rocío.

—¿Qué te pasa, amiguito? —preguntó el gigante, agachándose para verlo mejor. Su voz era suave, como el murmullo de un arroyo.

El pajarito levantó la cabeza, temblando.
—¡Nadie me toma en serio! —respondió, sacudiendo sus alas con frustración—. Soy pequeño y todos se ríen de mí. Dicen que no sirvo para nada.

El gigante se rascó la barbilla, pensativo. Sabía que todos los seres, sin importar su tamaño, tenían un propósito. Con una sonrisa tranquilizadora, decidió ayudarlo.

—¿Sabes qué? —dijo, mientras sus ojos brillaban con una luz cálida—. Voy a darte un regalo. Pero no será un regalo común. Será un regalo que tendrás que ganar.

El pájaro dejó de llorar y miró al gigante con curiosidad, esperanzado.
—¿Un regalo? ¿Qué tengo que hacer?

—Debes encontrar el valor dentro de ti —explicó el gigante—. Ve al lago y trae una pluma del gran águila que vive allí. Ella es fuerte y valiente, pero tú puedes serlo también.

El pajarito dudó. El águila era enorme y poderosa, con alas que parecían capaces de cubrir el sol. Él, en cambio, era tan pequeño que a veces el viento lo arrastraba sin control. Pero algo en los ojos del gigante, llenos de confianza y aliento, lo animó a intentarlo.

Con el corazón latiendo fuerte, el pajarito emprendió el vuelo hacia el lago. El bosque parecía más grande que nunca, con árboles que se alzaban como gigantes y sombras que danzaban en el suelo. Cada aleteo le costaba esfuerzo, pero recordaba las palabras del gigante: *»Debes encontrar el valor dentro de ti»*.

Al llegar al lago, el pajarito se detuvo en una rama baja. El agua brillaba como un espejo bajo la luz del sol, y en la copa de un árbol alto descansaba el águila, imponente y majestuosa. Sus plumas doradas relucían, y sus ojos parecían capaces de ver hasta el fondo del alma.

El pajarito sintió un nudo en su garganta. *»¿Cómo voy a acercarme a ella? ¿Y si me ignora? ¿O peor, si se ríe de mí otra vez?»* Pero entonces recordó las lágrimas que había derramado y la promesa que había hecho. Respiró hondo, llenó su pequeño pecho de aire y voló hasta la rama del águila.

—¡Señora águila! —dijo con una voz temblorosa pero firme—. Necesito una de tus plumas para ganar un regalo.

El águila lo miró con sorpresa, arqueando sus ceñas. Luego, rió con una carcajada que resonó en todo el lago.
—¿Tú? ¿Un pajarito tan pequeño? ¡Ni siquiera podrías cargar una de mis plumas!

El pajarito se sintió pequeño otra vez, como si el mundo entero se estuviera burlando de él. Pero entonces, en su mente, escuchó de nuevo la voz del gigante: *»El valor no es la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir adelante a pesar de él.»*

Con determinación, voló hasta la espalda del águila y, con mucho esfuerzo, arrancó una pluma pequeña.
—¡Gracias! —dijo, sosteniendo la pluma con su pico.

El águila, impresionada, lo miró con respeto.
—Tal vez no seas tan pequeño como pareces.

El pajarito regresó al bosque, donde el gigante lo esperaba con una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor.
—¡Lo hiciste! —exclamó—. Ahora, tu regalo.

El gigante sopló suavemente sobre la pluma, y esta se convirtió en un hermoso collar de plumas brillantes. El pajarito lo colocó alrededor de su cuello y, de repente, se sintió más fuerte y seguro.

—Este collar no te hace valiente —explicó el gigante—. Solo te recuerda que el valor siempre estuvo dentro de ti.

Desde ese día, el pajarito voló por el bosque con orgullo, y todos lo admiraron por su coraje. Y así, el gigante enseñó que, sin importar cuán pequeño seas, siempre puedes ser grande si crees en ti mismo.

Y colorín colorado, este cuento ha terminado… ¡pero la valentía del pajarito nunca se olvidará!

Reflexión

Este cuento nos enseña que el verdadero valor no se mide por el tamaño o la apariencia, sino por la fuerza interior y la determinación que cada uno lleva dentro. El pajarito, a pesar de sentirse pequeño e insignificante, logra superar sus miedos y dudas gracias a la confianza que deposita en sí mismo.

El gigante bondadoso no le da el valor directamente, sino que lo guía para que lo descubra por sí mismo, recordándonos que las respuestas y la fuerza que buscamos a menudo están dentro de nosotros.

Además, la historia nos invita a reflexionar sobre cómo enfrentamos nuestros propios desafíos. Muchas veces, como el pajarito, nos sentimos abrumados por las circunstancias o por las opiniones de los demás. Sin embargo, el cuento nos muestra que, con perseverancia y creyendo en nuestras capacidades, podemos lograr cosas que parecen imposibles.

Sonia Jerez

Escritora y conferencista con más 10 años de experiencia en la educación infantil y desarrollo creativo. Ha ganado varios premios internacionales.

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