Bajo un cielo brillante y dorado, Xóchitl y Huitzilin corrían juntos por los campos verdes. Desde niños habían sido inseparables, sus risas resonaban entre los árboles y sus sueños se entrelazaban como las ramas de los grandes árboles sagrados.
Con el paso de los años, su amistad floreció en amor, un amor tan puro como la luz del sol que los bañaba cada día.
Un día, decidieron subir la colina más alta, donde el Dios del Sol, Tonatiuh, reinaba con su poder celestial. Allí, bajo su radiante presencia, le pidieron una bendición. Querían estar juntos por siempre, sin importar el tiempo ni la distancia.
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Tonatiuh, conmovido por la sinceridad de su amor, los bendijo, prometiéndoles que su vínculo sería eterno.
Pero la oscuridad llegó a sus vidas. Huitzilin fue llamado a defender su pueblo en una guerra lejana, y el joven guerrero partió, dejando su corazón con Xóchitl.
Con cada amanecer, la joven esperaba su regreso, soñando con el momento en que volverían a estar juntos.
Sin embargo, un día recibió la devastadora noticia de que Huitzilin había caído en batalla.
Desconsolada, Xóchitl subió de nuevo a la colina, bajo el calor del sol, y con lágrimas en los ojos, suplicó a Tonatiuh que la reuniera con su amado, aunque fuera en la eternidad. El Dios del Sol, compasivo ante su dolor, envió un rayo dorado que envolvió a la joven.
Lentamente, su cuerpo se transformó en una flor de pétalos cerrados, una flor que guardaba dentro de sí el resplandor del sol.
Pasó el tiempo, y un día, un colibrí voló sobre los campos donde la flor de Xóchitl crecía.
Atraído por su aroma, el colibrí descendió y posó sus alas delicadas sobre sus pétalos. Al sentir su toque, la flor se abrió en todo su esplendor, mostrando su brillante color dorado.
Era Huitzilin, quien ahora, en forma de colibrí, había vuelto para estar con su amada.
Desde entonces, cada Día de Muertos, las flores de cempasúchil florecen, guiando a las almas hacia el mundo de los vivos. Y mientras haya colibríes y flores doradas, el amor de Xóchitl y Huitzilin brillará para siempre, como un rayo eterno de luz y amor.
Este cuento está basado en la cultura popular de México.